Promesas
“Porque tú eres mi principito… ¿cómo voy a querer a alguien que no seas tú?”
Dicen que las promesas fueron hechas para romperse, y de repente entre paréntesis, aunque esto no se diga y simplemente suceda, también con ellas se rompe el corazón. Yo no sé por qué era su príncipe azul, porque pude ser uno verde limón o uno rojo tomate, pero entonces no me importó, me encantaba ser de sangre azul marino para ella.
Era como un cuento, uno de esos que te leen de niño y que te animan a creer que en algún lugar del mundo está tu princesa esperándote. Y la imaginas mientras te vas quedando dormido, y cada vez mientras creces va cambiando de rostro, va cambiando de voz. Hasta que un día te pellizcas el brazo y te das cuenta de que no estás soñando: al fin la has encontrado, está frente a ti sonriéndote, y piensas de pronto que no tienes tanta imaginación porque es más bella de lo que habías pensado. Mucho, muchísimo más bella.
Una noche la encontré triste y solo atiné a abrazarla con todas mis fuerzas. Creo que algunas veces es mejor el silencio. Nos sentamos en las escaleras y se apoyó en mi pecho mientras revolvía suavemente su cabello. Esa noche noctámbula y silenciosa me dijo que me amaba, y sentí que podía hacerla feliz por el resto de mi vida. De pronto me dijo que la hacía sentir especial, que nunca había sentido esto por nadie, que era yo y nadie más. Pasó el tiempo y pude conseguir que sonriera, y pensé que ese título de príncipe, su príncipe azul, podía no quedarme tan grande como creía y me iba a dormir cada noche con la nítida figura de la mujer de mi vida y con sus palabras. Era feliz.
Recuerdo una tarde que dormíamos en su sala, volteé a mirarla y le hice un pequeño y sincero juramento: te voy a amar toda la vida, le dije. Y la amé. Aun cuando se me acabaron las razones y me inventaba otras para seguirla amando, e incluso cuando decidió que era momento de terminar con todo esto, cuando me hizo ver que poco a poco me iba destiñendo para ella y pasé de ser su príncipe azul a ser el hombre invisible. Una noche se quedó callada, en silencio, y dejé de oír aquellas promesas.
A veces me pregunto si confundí las palabras, si me emocioné tanto que no presté atención a lo que ella realmente me decía. Y así, con mi pequeño juramento me despedí de ella. Es lo mejor, me dijo. Salí de su casa sabiendo que dejaba al amor de mi vida en ese lugar. Sabiendo también que ya no era más su príncipe azul. Surgieron preguntas y reclamos relacionados a lo que dijo alguna vez, pero sentí que a veces las palabras se dejan y mueren con el tiempo. Me hubiera gustado tener memoria selectiva y olvidarme de todo esto, hacer de cuenta como si nada hubiera pasado y seguir con mi vida sin mirar hacia atrás.
Y hoy que recordé que las promesas fueron hechas para romperse me vienen a la mente sus palabras, y no entiendo por qué razón luego de tantos años sin verla, yo no puedo romper la mía. De repente nunca lo haré. De repente, y al fin de cuentas, sí soy un príncipe azul, aunque eso ya no signifique nada para ella.
Tag: Las cosas como son

Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos