Llevo Prisa

Vanlla 7 Mayo 2010 0

 

En la madrugada desperté por casualidad y en la oscuridad comencé a pensar en todas las cosas que quedaron pendientes por una u otra razón.  No lograba volver a quedarme dormida.  Entonces, sin quererlo pude ver como una película pasaba ante mis ojos.  Ahí estaba yo, como todos los días, llevaba prisa, mucha prisa.  Al pensar en el tráfico que me esperaba en el camino, sentía como un malestar invadía mi sistema a la vez que mi mente sólo repetía ¨llevo prisa¨.  Comencé a preparar el desayuno de mi familia, fui al cuarto de mis hijos y los desperté diciendo ¨hay que levantarse de prisa o llegamos tarde¨.   Me pareció oír que mi hijo menor me intentaba decir algo pero entre su tono de voz tan bajo por la somnolencia y mi prisa no lo escuché.  Continué en la cocina, luego planché a toda prisa.  Indiqué a los niños que debían avanzar con el desayuno y vestirse rápido.  Entonces nuevamente me pareció oír que mi hijo menor me intentaba decir algo, pero le dije que comiera rápido y no hablara porque debíamos salir de prisa.  Me dirigí a la habitación matrimonial desperté a mi esposo, le pedí que se sirviera el desayuno, pues yo tenía mucha prisa.  Finalmente estábamos todos listos para salir.  Al pararme en la puerta di un último grito a mis hijos; ¡Me voy, tengo prisa, avancen o se quedan!  Puedo ver que mi hijo mayor al subir al auto se ve algo triste, pero no tengo tiempo de preguntar ahora, debe ser la edad.  Bueno, finalmente encendí el auto y nos fuimos.  En realidad el tráfico no estaba tan pesado.  Procedí a subir el volumen de la radio para escuchar las noticias.  Es el único momento en que puedo saber lo que está sucediendo ya luego no puedo, pues todo el día llevo prisa.  Llego al colegio para dejar los niños, los apuro para que se bajen y tomen sus bultos.  Ni siquiera tengo tiempo para besarlos, pero en la tarde los besaré.  Les digo adiós con la mano y de repente recuerdo que no le pregunte a mi hijo menor que quería decirme.  Pero nada, en realidad llevo prisa, pregunto luego. 


Ya en camino a la oficina, voy intentando avanzar para poder adelantar trabajo pendiente.  De repente, recuerdo que olvidé anotar en la agenda de mi jefe su reunión de hoy en la mañana.  Bajé el volumen del radio, tomé el móvil, marqué su número y al explicarle no me quedo más remedio que escucharlo gritarme por lo sucedido.  Está entrando otra llamada, es mi esposo pero no puedo decirle al jefe que espere en línea.  Al terminar la llamada me dispongo a comunicarme con mi esposo.  Estoy marcado el número, suena una bocina,  retumba un sonido como un trueno… todo se torna negro.  Yo sólo escucho llantos, gritos, sirenas no sé si era la policía o la ambulancia… Pensé en mis hijos, en mi esposo y de repente sentía angustia, soledad, frio, dolor.  Cuanto anhelaba en esos momentos escucharlos, verlos, sentirlos pero todo se detuvo…

Escuche el despertador, y al abrir los ojos pude ver la hora.  Yo, estaba empapada en sudor, temblando y en mis mejillas había lágrimas.  Sabes, contemplé a mi esposo, me levanté, caminé a la habitación de mis hijos  y vi que dormían.  Entonces, lloré.  No puedo explicar el sentimiento que me invadió.  Justo cuando me disponía a dar la vuelta e ir a la cocina, pude oír la voz somnolienta de mi hijo menor.  Me acerqué a él para escucharlo.  Me decía que tenía frio, me acosté a su lado y disfruté una sensación hermosa.  Dos piecitos fríos y suaves que buscaban mi calor.  Mi hijo mayor despertó, y al ver la escena  preguntó qué pasaba.  Mi esposo se asomo a la puerta y pude ver que su rostro reflejaba sorpresa.  Los invité a estar a mi lado y les conté mi pesadilla…demás está decir que ya no llevo prisa.  Por el contrario ahora que pude ver la fragilidad de la vida procuro disfrutarla. 

Y tu llevas prisa?  La mujer sabia edifica su casa mas la necia con sus manos la derriba.  Proverbios 14:1